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San Pascual Baylón estuvo tres años viviendo en el Convento de Santa Ana de Jumilla

Por Antonio Verdú Fernández, cronista oficial de la Ciudad de Jumilla

 

Era natural de Torre Hermosa, villa del reino de Aragón, Obispado de Sigüenza. Nació el día 17 de mayo de 1540, festividad de Pascua del Espíritu Santo, le pusieron por nombre Pascual.

Como niño predestinado, bien pronto comenzó la devoción al Santísimo Sacramento, que mantuvo con acendrado amor hasta más allá del éxtasis y de la muerte.

Desde los siete años fue pastor de un rebaño de ovejas; su virtud comenzó a dar frutos de santidad, y era tan grande su inocencia, tan sorprendente su humildad, como el silencio y recato en que vivía, fortificando con la oración las moradas internas del alma.

Son ternísimas y evocadoras aquellas plegarias suyas llenas de candor y pureza, a la imagen de la Virgen de La Sierra, perdida en una Ermita de los campos por donde los rebaños pastaban. En los amaneceres pastoriles de la Virgen de la Sierra, mientras Pascual, el pastorcito de la callada mística, hincado de rodillas sobre los helechos húmedos del rocío, rezaba el Ave María en honor de Nuestra Señora. A veces abrazaba el báculo, en cuya parte superior había embutida una estampa de la divina Madre de Jesús, y “rezaba el rosario muchas veces al día… y en sus vigilias ayunaba a pan y agua”.

Buscaba la soledad como los místicos y los poetas. Descalzo pisaba la maleza y a su cintura se enroscaba los cilicios para mortificar su juvenil cuerpo; obraba milagros haciendo brotar fuentes en los yermos para aplacar la sed, y tenía celestiales coloquios con la Divinidad.

Abandonó su patria y vino a pastorear rebaños al reino de Murcia.

Estuvo en las Peñas de San Pedro y luego en Almansa. Pasó después al reino de Valencia, y, hallándose en Monforte del Cid, en donde poco antes se fundara el Convento Franciscano de la Virgen del Orito, le fue revelada la voluntad de Dios, y, por obedecerla, tomó el hábito en el Convento de San José de Elche, y profesó de lego en el de la Virgen del Orito a los 25 años de edad, el 2 de febrero de 1565.

Este segundo San Francisco, cuya caridad no tenía límites, cuya paciencia y fe llegaba a lo sublime, tuvo predilección por esta provincia de San Juan Bautista; por amor a Cristo, y predicando su doctrina, pisó tierra de herejes, soportó cárcel y persecución, estuvo a punto de ser lapidado, y únicamente, la misericordia de Dios le libró de la muerte.

Estuvo en este Convento de Santa Ana del Monte, entre los años 1579,

80 y 81, y desempeñó los cargos de Portero, Hortelano y Limosnero. Su seráfica memoria quedó impresa en la celda monacal, convertida en oratorio por la Adoración Nocturna Española; en el recuerdo de sus prodigios; en el ascetismo de su vida y en los pasicos tradicionales que nos retrata al santo en tierra, descalzo, con la cabeza descubierta, perlada de sudor la frente del calor del verano, y viendo con la mirada lejana, los verdes majuelos desperezarse a los últimos rayos del sol, y como símbolo el Cáliz y la Sagrada Forma.

Según admiramos en la representación del azulejo existente en la portería conventual, sobre la puerta que accede al claustro inferior, cuenta la tradición, que le abrió la puerta el Beato Andrés Hibernón, que coincidió con él durante los años de su estancia en Santa Ana.

Como hortelano plantó San Pascual Baylón, cipreses, higueras y un madroñero comestible. De la madera del denominado ciprés de San Pascual se elaboraron varios altares y numerosos objetos que quedaron como verdaderos relicarios.

Muere en Villarreal, en el Convento de Nuestra Señora del Rosario, al punto mismo, que en la misa conventual elevaba el sacerdote al Santísimo Sacramento, el día 17 de mayo de 1592, también domingo de Pascua del Espíritu Santo, en cuyo mismo día había nacido. Tenía 52 años y 28 de religioso.

Su cuerpo, incorrupto, ha sufrido las mutilaciones que ejecuta la mal entendía devoción de los espíritus limitados. Una pierna envió el monarca Carlos III a Aranjuez. El Papa Paulo V, el 19 de octubre de 1618, beatificó al pastorcito de Torre-Hermosa; y otro Papa, Alejandro VIII, le canonizó solemnemente el 16 de octubre de 1690.

Se dice de San Pascual que es el santo de los avisos con golpecitos y sonidos extraños. Esta arraigada creencia de los devotos les hace confiar que, los sucesos más importantes de sus vidas y hasta la proximidad de la hora de la muerte, les será comunicados con el rigor y la inexorable puntualidad de las cosas del más allá.

Todo es prodigioso en esta santo humilde, que siendo ignorante pastor

tuvo la intuición de la sabiduría y hasta escribió diversos libros sobre Teología.

En Jumilla introdujo la piadosa devoción a Nuestra Señora de Loreto.

En memoria de los descansos que el santo franciscano realizaba cuando regresaba de Jumilla al Convento de Santa Ana, con las limosnas, se edificaron en diferentes épocas tres “Pasos”, a él dedicados, a lo largo de la senda que subía antiguamente al Santuario.

 

El más cercano a la población y próximo a la Ermita de San Agustín, el “pasico” de San Pascual, comenzó a edificarse en 1738, estando de guardián en Santa Ana Fray Andrés Arcis. En abril de 1901 fue restaurado por el jumillano Pascual Moreno Ramos, maestro de obras, según lo tenía prometido si sanaba de una enfermedad, evitando así su total ruina.

 

El segundo, era una pequeña Ermita dedicada a San Pascual, edificada después de pasar el puente del Prado y próxima a un lazareto para coléricos construido en 1855. La Ermita, donde se verificaba el intercambio de la Abuelita y la Virgen del Rosario (o de los Remedios), se levantó el 25 de octubre de 1668. Estuvo abierta al culto hasta el 22 de noviembre de 1786, cuando el visitador Escrich mandó que fuera demolida y colocada en su lugar una cruz. El abandono secular provocó con el paso del tiempo su ruina y total desaparición. Todos sus objetos litúrgicos entre ellos el santo Cáliz y un cuadro del santo fueron trasladados primeramente a Santiago, conservándose en la actualidad en el Convento de Santa Ana. Sus ruinas las hemos podido encontrar recientemente frente a la casa que tiene en el Prado D. José Lifante, en mitad del camino que pasa delante de la misma. Dos muros debajo del terreno dejan constancia de su ubicación. Se advierte cercano a esos restos de cimentación, un basamento circular, que probablemente indique el lugar donde se colocó una Cruz al clausurarse definitivamente la Ermita.

El tercero y último de estos pequeños oratorios se edificó en el lugar denominado de “Las Peñuelas”, junto al barranco, próximo al que se levantara evocando el milagro de las “Aguas” por mediación de Fray Pedro Lobo. Este “pasico de San Pascual”, fue levantado en 1701 (1704?), durante la guardianía de Fray Andrés Ortiz, natural de Yecla, para indicar el sitio donde solía el santo realizar su tercer descanso.

Día 22 de mayo de 1960. Reliquia de San Pascual; Consta de un huesecito de San Pascual; un trocito del hábito de tisú, de esos que llevaba el Santo cuando lo quemaron el 13 de agosto de 1936; y unas cenizas de esa quema”. El pueblo de Jumilla se congregó en el Ayuntamiento para recibirlas con la devoción y el entusiasmo que San Pascual Baylón, morador de nuestro Convento merecía de la piedad de los jumillanos.

Es el patrono de las Asociaciones Eucarísticas (Adoración Nocturna), por su honda devoción al Santísimo Sacramento de; la Casa Real, y fue el primer santo de los descalzos franciscanos canonizados.